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Una icónica sonrisa y tres fechas marcadas a fuego


Por Ferran Àngel / 16 Sep, 2020

Es 23 de septiembre de 2018 y me encuentro de vacaciones en Estados Unidos. Después de más de dos semanas visitando las principales ciudades de Texas y Luisiana llegamos a Houston. Habíamos partido desde New Orleans y se nos hizo un trayecto especialmente largo, con una tormenta que casi nos impedía ver lo que pasaba dos metros más allá del capó de nuestro coche.

La meteorología nos hizo imposible llegar a Houston a las 12 de la mañana, justo cuando empezaba el encuentro entre los Texans y los Giants en el NRG Stadium. Una pena, sobre todo porque justo una semana antes habíamos asistido en Jerry World a una dolorosa derrota de los Big Blue ante los Cowboys. Sin duda, no son unos años gloriosos para los aficionados de los Giants.

Aunque, precisamente, esa tarde en Houston los de la Gran Manzana consiguieron la primera de sus 5 victorias en 2018. La primera de la era Shurmur y Gettleman. El primero ya está fuera y al segundo empieza a quemarle la silla. Las esperanzas azules ahora están en Joe Judge y Daniel Jones. Y Saquon Barkley, claro. No debemos olvidar nunca los mejores cuádriceps de la liga.

Pero volvamos a Houston, tras las primeras horas de visitar la ciudad y después de la primera noche en el hotel, nos dirigimos a desayunar en el sencillo buffet: Tostadas, mermelada, zumo, café y un poco de fruta. Mientras, en el televisor del comedor, estaba sintonizado “Good Morning America”. Y ahí, es dónde aparece la icónica sonrisa de Strahan, con su característica separación entre los incisivos centrales.

Michael estaba entrevistando a un escritor presentando su nuevo libro. Disculpadme que no recuerde de quién se trataba, pero mi atención estaba focalizada en el carismático defensive end de los Giants convertido, ahora, en una auténtica estrella televisiva.

Una estrella que labró su fama en el mundo de la NFL -y su busto en Canton- gracias a muchísimo esfuerzo y un auténtico instinto de superación en el terreno de juego, con tres momentos clave, sin los que su historia no sería la misma.

25 de abril de 1993 – Marriott Marquiss, New York / Residencia de los Strahan, Houston

Superada la primera ronda del draft, dónde los Giants no tenían pick por haberlo gastado el año anterior en la maldita elección de Dave Brown de Duke en el supplemental draft de 1992, el comisionado de la NFL, Paul Tagliablue, seguía anunciando los picks de segunda desde el hotel Marriott Marquiss de New York.

A miles de quilómetros al sud, en un barrio residencial de Houston, Texas, Michael Strahan esperaba junto al televisor con su familia, su novia y su pequeña hija. Camiseta blanca de manga corta ajustada y pantalones tejanos para el momento que cambiaría su vida: “with the forth pick of the 1993 NFL draft, the New York Giants have selected Michael Strahan, defensive end, Texas Southern”.

Michael se abraza con su familia antes de ir a coger el teléfono. El futuro de su carrera ya estaba sellado y así se lo comentaba a la prensa en la entrevista que le hacían nada más salir elegido. Sabía que New York era una de las plazas más duras, pero que iba a hacer todo lo posible para devolver esa confianza que se había depositado en él.

Y así empezaba, tímido, su glorioso periplo con la camiseta azul más mítica de toda la NFL, la de los New York Giants, pulverizando récords a su paso.

6 de enero de 2002 – Giants Stadium, New Jersey; Green Bay Packers @ New York Giants

2001 no fue un gran año para los Giants. Los de Fassel venían de perder la Super Bowl XXXV de forma muy clara ante los Baltimore Ravens. Parece que ese partido sumió en depresión a los Big Blue durante todo el año, incapaces de recuperar su forma y llegando al último encuentro, en enero, ante los Packers del magnífico Brett Favre, con un 7-8 en la clasificación y sin posibilidades de entrar en el playoff.

La única nota positiva para el equipo era Michael Strahan. El rusher se había mostrado terrorífico durante toda la temporada, tumbando quarterbacks sin piedad. Y así llegaba la última jornada de la temporada regular, con Michael sumando 21.5 sacks, a tan solo medio del récord de 22 que poseía el Jet Jack Gastineau desde 1984.

Los de Green Bay se habían mostrado superiores durante el partido y llegaban la recta final del encuentro, con tres minutos por disputarse, venciendo por 34 a 25. La posesión también era de los verdes.

La protección a Favre había sido excelente durante todo el partido, un trabajo envidiable de la offensive line que había conseguido desquiciar el rush de los Giants, y el récord de Strahan cada vez parecía más lejos.

Con 2 minutos y 46 segundos en el crono, Strahan se preparaba para atacar a Favre desde el lado izquierdo. Unos segundos antes, en la jugada anterior, se les había visto hablar después de otro intento infructuoso de mandarlo al suelo. Ahora tenía delante al tight end Bubba Franks, que estaba realizando una campaña espectacular que lo coronaría como probowler.

Llega el snap, Favre ejecuta una play action con bootleg hacia su lado derecho, y ahí le esperaba Strahan después de haberse librado de Franks con mucha facilidad. Brett se va al suelo en el que, probablemente sea el sack más fácil de toda la carrera de Michael. Acababa de llegar el 22.5.

Strahan seguía tumbado en el suelo con las manos en la cabeza consciente de su gesta. A su alrededor, sus compañeros de equipo formaban un corrillo celebrando el hito. Ahí también aparece Bubba Franks, recriminado algo en ese corrillo de los Giants. Y también aparece Favre, después de levantarse, ayudando a Michael a ponerse en pie, abrazándose y hablando a su oído.

Las sospechas de sack pactado quedaron ahí presentes desde ese instante -y Gastineau no se cansa de hacerlo patente siempre que le ponen un micro delante-, pero el récord de sacks en una sola temporada, 18 años después, todavía es de Michael Strahan. Tan solo Jared Allen, en 2011, y Justin Houston, en 2014, se han acercado en todo este tiempo, llegando a los 22 de Gastineau.

3 de febrero de 2008 – University of Phoenix Stadium, Glendale; Super Bowl XLII – New York Giants vs New England Patriots

Volvemos a avanzar el crono 6 años hasta 2008. El número 15 en la carrera de un veterano Michael Strahan, muy cerca de su adiós definitivo como jugador de la NFL. En una temporada un tanto extraña, Michael volvió a ser el líder de una defensa que se había mostrado clave en la trayectoria de los azules hacia el playoff.

Aunque no pudieron hacerlo como primeros de grupo, quedando por detrás de unos durísimos Dallas Cowboys. Las incorporaciones de Wade Phillips como head coach y de un jovencísimo Jason Garrett como coordinador ofensivo -ironías del destino, este 2020 ocupará este mismo cargo en los New York Giants- revolucionaban el equipo de Jerry Jones, con una magnífica clasificación de 13-3.

De hecho, los mismos Cowboys consiguieron sumar victorias ante los Giants en los dos partidos de la temporada regular, para desesperación de los Big Blue.

Aun así, los de Tom Coughlin empezaron bien el año, con un 6 a 2 en la clasificación, con viaje a Londres incluido. Sumando derrotas en las dos primeras jornadas ante Cowboys y Green Bay.

Pero después del bye, la dinámica del equipo empezó a variar, convirtiendo el Giants Stadium en un lugar ideal para que los rivales salieran victoriosos. Con 4 victorias y 4 derrotas -todas ellas en casa-, el balance final de 10-6 les aseguraba la primera de las dos wild cards de la conferencia nacional.

Y ahí empezaría el tour de la venganza. Con victorías en el Raymond James Stadium ante Tampa, los Dallas Cowboys en el viejo Texas Stadium y Green Bay Packers en Lambeau Field para labrarse el paso a la Super Bowl XLII en el University of Phoenix Stadium de Arizona.

Empezaba la Super Bowl, con todas las apuestas favorables a los Patriots, con su temporada perfecta. El partido fue claramente defensivo y a mediados del tercer cuarto, con 3 a 7 en el marcador para los de New England, Tom Brady comandaba un ataque por la yarda 25 de los G-Men, en tercera y siete.

Llega el snap y Strahan sale como una exhalación como right defenisve end. Con una finta de cuerpo deja clavado al left tackle de los Patriots, Matt Light, que es superado completamente. A partir de ahí llega el esprint para abalanzarse sobre Tom Brady que, aunque ve llegar la presión e intenta escaparse por su lado izquierdo, no puede librarse de la potencia de Michael, mandándole al suelo.

La celebración de Strahan, con los dos brazos marcando bíceps, se convertiría, seguramente, en la foto más icónica de su carrera y la que preside este artículo.

Una jugada vital para no permitir a los Patriots escaparse en el marcador -los Patriots se jugarían un cuarto down que terminaría incompleto- y, con un magnífico Eli Manning comandando el ataque y el glorioso helmet catch de David Tyree, los Giants terminarían imponiéndose en ese partido, sellando una de las mayores sorpresas del deporte moderno con un marcador de 17 a 14.

Y Michael conseguiría el preciado anillo y el retiro perfecto en su último partido como profesional, el último peldaño que lo llevaría a Canton en 2014. La sonrisa más característica del football quedaba inmortalizada para siempre en el oro del Hall of Fame.

De ese chico tímido de Houston en el día del draft tan solo queda la sonrisa, que sigue exhibiendo desde su nuevo rol de estrella televisiva y que me permitió disfrutarlo mientras nos terminábamos ese desayuno en un hotel de Texas.

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