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Un cuento de Navidad Azul


Por Ferran Àngel / 17 Dic, 2020

Estamos en diciembre. Las navidades y el invierno llaman a la puerta en plena pandemia. En la NFL diciembre se conoce como tiempo de meaningful football. O lo que es lo mismo, cuándo los partidos realmente importan y ya no hay marcha atrás ni segundas oportunidades. Tradicionalmente, además, el calendario de la NFL depara auténticos duelos divisionales para esas últimas fechas de la temporada regular, coincidiendo con las festividades de Navidad.

Como no podía ser de otra forma, los Giants no han vividos ajenos a ellos y, de hecho, probablemente esta misma temporada se viva uno de muy especial el 3 de enero ante los Dallas Cowboys. Un partido que podría significar la vuelta a los playoffs de los Big Blue, después de su última visita en 2016.

Pero subamos a nuestra máquina del tiempo particular para viajar al pasado, concretamente hasta el 27 de diciembre de 1981, 39 años atrás. Una historia de redención para los G-Men. Un cuento de Navidad Azul.

El fantasma de las navidades pasadas

Cómo si se tratara del mismísimo Scrooge, los Giants, que llevaban 17 años sin llegar a los playoffs, recibieron la visita de un espíritu que les recordaba, continuamente, los tiempos que fueron y parecían no volver. Aunque solo fueron capaces de alzarse con un solo título, en 1956, los 50s y 60s fueron tiempos dorados para los Big Blue, ganando la conferencia hasta en 6 ocasiones.

Icónica imagen de YA Tittle – NY Times

El apogeo de las carreras de YA Tittle y Frank Gifford convirtió los neoyorquinos en uno de los equipos más temidos de toda la liga. Pero, pasado 1965, eso ya tan solo era el recuerdo de un pasado lejano, que los Giants parecían haber olvidado completamente cuando el ocaso de los dos mitos llamó a la puerta de la franquicia.

El desierto y la depresión se había apoderado de los aficionados blues de la capital del mundo que, por si no fuera poco, además veían triunfar a sus vecinos verdes, los Jets, comandados por el legendario Joe Namath. Y la travesía por el olvido parecía no tener fin.

El fantasma de las navidades presentes

Pero llegó 1981. Scrooge Giants, aun traumatizado por la vivencia tras la visita del primer espíritu, reflexionaba sobre la temporada que el equipo estaba viviendo. Consiguiendo el pase a playoff, con un récord de 9 a 7, y viviendo el debut explosivo de un rookie llamado Lawrence Taylor, que terminaría consiguiendo el reconocimiento como mejor debutante defensivo del año.

Cromo de Lawrence Taylor en su año rookie

En esas circunstancias llego la visita del espíritu de las navidades presentes. Conscientes de su pasado reciente de frustración, los G-Men no sabían qué esperar de su pase a playoffs después de tantos años y, además, ante su archienemigo, los Philadephia Eagles que, por si fuera poco, habían terminado con un récord superior -10 a 6- y venían de jugar -y perder- la Super Bowl del año anterior.

Un reto mayúsculo, para un equipo que había perdido el pulso a la leyenda, y al que las apuestas daban como seguro derrotado.

El partido de Navidad

De repente nos encontramos en el 27 de diciembre y con el kickoff del enfrentamiento de Wild Card en el Veterans Stadium de Philadelphia. Como mariscal de campo de los azules, Scott Brunner.

Pero elemento diferencial de ese encuentro fue el running back del conjunto de Ray Perkins, Rob Carpenter. Porque los Giants detonaron el encuentro el primer cuarto, con un Carpenter que sumaría 193 yardas totales al final del partido.

Rod Carpenter en una acción del encuentro – Retransmisión del partido

Tal fue la puesta en escena, que el resultado al final del primer cuarto era de 20 a 0. Con un touchdown de recepción de Leon Bright y otro de John Mister. Y, por si fuera poco, los special teams azules recuperaron un fumble en la end zone para dejar el partido muy cuesta arriba para los Eagles.

En el segundo periodo, parecía que podía llegar la reacción local con un touchdown de Harold Carmichael, pero los de Perkins, consiguieron un nuevo golpe de efecto antes del descanso, y una nueva anotación, esta vez de Tom Mullady, a pase de Scott Brunner. A la media parte, el partido parecía muy encaminado, con el marcador en 27 a 7.

En la reanudación, fueron otro tipo de fantasmas los que visitaron a los Big Blue. O quizás, el recuerdo del fantasma de las navidades pasadas, se congeló en sus retinas. Inoperantes en ataque, parecía que los verdes se hacían con el control del encuentro y, poco a poco, fueron recortando diferencias.

27 a 14 al final del tercer periodo y, 27 a 21, a mediados del último cuarto. Los Giants necesitaban la victoria como agua de mayo. Terminar con su estigma de perdedores a lo grande. Y la defensa resistió lo que pudo, hasta una última aparición del ataque, consiguiendo dos primeros downs, y evitando que los Eagles pudieran tener una última posesión para vencer.

New York Giants 27, Philadelphia Eagles 21. Final.

El fantasma de las navidades futuras

La victoria, aunque no se tradujo en un éxito apabullante esos mismos playoffs -se perdería en la ronda divisional ante 49ers-, cambió la dinámica de los Giants en un futuro inmediato, o eso es lo que el espíritu de las Navidades futuras, apareciendo ante un Big Blue Scrooge, que no le cabía el orgullo en el pecho después de la victoria ante Eagles.

Las piedras fundacionales del equipo estaban en su sitio, aunque los aficionados todavía no eran conscientes de ello. El espíritu no dudó a mostrarle el ascenso de Bill Parcells, the Big Tuna, el coordinador defensivo del equipo al puesto de Head Coach, tan solo dos años después.

Una fecha que marcaría una nueva mentalidad para la franquicia. También le mostró el ascenso de otra figura dentro del staff de Giants: Bill Belichick. Un nombre que se explica por si solo.

El baño de la victoria a Parcells en la Super Bowl de 1986 – NY Times

Pero en el campo también se convertirían en leyenda unos jugadores que ya empezaban a dar muestras de su infinita calidad, como una legendaria unidad de linebackers, conocida como The Crunch Bunch y liderada por el mismísimo Lawrence Taylor. Eso sí, sin olvidar el papel fundamental de Harry Carson como líder defensivo y espiritual de ese equipo. Carson era el Ying y LT el Yang.

Y a los mandos del equipo estaba un quarterback rubio que debutó en 1979, y una futura leyenda de la franquicia, Phil Simms. No sin algunos momentos de tensión con el propio Big Tuna. Pero las cosas nunca son fáciles en la gran manzana.

Un equipo que, para orgullo azul, se convertiría en legendario ganando dos anillos de la Super Bowl, en las temporadas 1985 y 1990. Con una filosofía irrenunciable en los éxitos, el mensaje estaba claro. Y con él, la visita del fantasma de las navidades futuras.

La fórmula ganadora de los Big Blue. Que volvería a deparar éxitos en el futuro, finalizando así nuestro cuento de Navidad Azul.

Comentarios


Martin Hace 4 meses

Gran artículo Ferrán. Tengo entendido que el Gatorade Shower que hoy se replica también en todos los deportes lo inventaron los Giants del 86.